Una mirada profesional con raíces personales

Me llamo Ainitze Lekerikabeaskoa Arrillaga, soy Psicóloga General Sanitaria, licenciada en Psicología y colegiada en el Colegio Oficial de Psicología de Bizkaia (nº BI03989).

Estoy acreditada como Psicoterapeuta Familiar y de Pareja y formo parte como socia numeraria de la FEATF (Federación Española de Asociaciones de Terapia Familiar).

 Llevo más de 20 años acompañando procesos terapéuticos y educativos en el ámbito de la relación de ayuda.

Durante mi trayectoria he trabajado en contextos especialmente sensibles, como el Centro Hobetzen, acompañando a familias en procesos de violencia filio-parental, y en el centro de acogida para mujeres que han vivido situaciones de violencia, ambos dependientes de la Diputación Foral de Bizkaia.

Pero más allá del currículum, hay algo muy importante que también me define: soy madre de tres hijos/as y estoy en pareja desde los 17 años.

Sé lo que implica construir una relación a lo largo del tiempo, sostener la crianza en medio de las exigencias cotidianas, atravesar crisis, silencios, reencuentros. Y sé también lo que significa sentirse perdido/a, no saber qué se necesita o hacia dónde ir.

Por eso, cuando acompaño, no solo pongo al servicio mi formación y experiencia, sino también una comprensión profunda de lo humano, lo relacional, lo frágil y lo valiente que hay en cada proceso.

Uno de mis propósitos en la vida es que acudir al psicólogo se viva con naturalidad. Que el bienestar emocional y la salud mental formen parte del cuidado cotidiano, sin tabúes ni prejuicios.

La psicoterapia, tal y como la entiendo, es un espacio para mirarse, comprenderse, sanar y construir nuevos significados sobre uno mismo y sobre los vínculos que habitamos.

Trabajo desde una mirada sistémica y con enfoque de apego, que me permite entender lo que ocurre no solo como algo individual, sino como parte de una red de relaciones e historias que influyen, muchas veces de forma silenciosa, en cómo sentimos y reaccionamos.

Creo profundamente en el valor del trabajo terapéutico… y también en la necesidad de que quienes acompañamos estemos en constante revisión.

Por eso cuido mi propia formación, participo en espacios de supervisión y mantengo vivo mi deseo de seguir aprendiendo, creciendo y compartiendo.

Me implico en cada proceso con honestidad, calidez y respeto. Y deseo que quien llegue a este espacio pueda encontrar un lugar seguro desde el que empezar a reconstruirse… con presencia, con sentido y sin juicio.